La sorprendente verdad acerca de cómo manejar las emociones y sentimientos

Muchas veces en la vida nos vemos sorprendidos por un maremoto de emociones y sentimientos que nos inundan, nos vapulean, parece que vamos a naufragar,  nuestro barco se hunde, días sin ver tierra…

Tenemos ganas de gritar: ¡¡¡¡BASTAAAAAAAAAAAAAAA!!!!!!!!!!

Y en medio de todo eso, a nuestro cerebro racional no se le ocurre otra cosa que «tengo que  aprender cómo manejar las emociones y sentimientos»… «Tengo que controlar esto como sea»…

¿Cómo reaccionaría un animal salvaje? Seguramente antes del maremoto correría y correría huyendo. Si no logró escapar, durante las olas, viento, lluvia… se quedaría agazapado, con unas constantes vitales mínimas, esperando que pase y guardando su energía para después. Y cuando la calma llega, se pondría a temblar, convulsionar, para liberarse del estrés vivido, para liberar a sus músculos, su cuerpo del trauma. Y listo ya para continuar viviendo.

La tristeza, el miedo, o la ira crean reacciones físicas en partes diferentes del cuerpo

La muerte de ser querido llega a provocar dolor físico; el amor acelera el ritmo cardíaco; el miedo y la ira intensifican la rigidez muscular. El nerviosismo ante una entrevista de trabajo provoca sudoración en las manos. La tristeza provoca pesadez en las piernas.

¿Pero estas sensaciones físicas disparadas por emociones  son universales o responden a estereotipos culturales como «El corazón partío» de Alejandro Sanz?

El profesor de neurociencia cognitiva de la Universidad de Aalto en Finlandia, Lauri Nunmenmaa, junto con otros colegas, realizó cinco experimentos sucesivos con una muestra de 703 personas. Debían localizar en qué lugar de su cuerpo percibían el impacto de cada una de las emociones básicas y algunas complejas.

Ante un papel con una silueta humana, debía usar el rojo para zonas de mayor sensación y el azul para las de menor activación. El 73% de los participantes coincidieron en las zonas coloreadas.  Para evitar la carga significante de las palabras,  repitieron el experimento con dos grupos lingüísticos muy distintos (finés y sueco) y los resultados se parecieron.

Después, para evitar la carga emotiva de las palabras, repitieron el estudio con cuatro experimentos más: querían provocar las emociones desde  fotografías, relatos cortos, visionado de películas o expresiones faciales. Y los mapas corporales volvían a coincidir.

Y sólo quedaba verificar si ocurría en todas las culturas. Repitieron la prueba con taiwaneses y los resultados volvieron a coincidir.

Según se publica en PNAS, el Dr. Nunmenmaa, concluye que «las sensaciones corporales parecen tener un origen biológico más que una construcción lingüística o cultural, ya que son muy similares en las diferentes culturas y lenguas estudiadas»

¿Qué nos aporta este estudio?

  • Que lo emocional  y lo sensorial están íntimamente ligados.
  • Que tienen un origen biológico, por lo tanto NO se pueden «controlar», NO dependen de lo que pensamos, de nuestra voluntad…
  • Que para no naufragar en medio del maremoto emocional tendremos que buscar otra solución alternativa a una estrategia cognitiva

 La consciencia como ancla durante el maremoto emocional

Para tener acceso a cambiar las sensaciones, emociones  y sentimientos hay acudir a la memoria procedimiental (encarcargada de automatizar las habilidades motoras y ejecutivas necesarias para ejecutar una tarea; funciona a nivel inconsciente) y para ello hay que tener acceso a las funciones energética, sensorial, tónica, emocional y representativa del ser humano. Y eso es un continuo.

No tendremos acceso a modificar lo que pensamos, si previamente no hemos modificado lo que hemos percibido, cómo hemos reaccionado motoramente, cómo nos hemos emocionado…

El trabajo por tanto es al contrario de lo que habitualmente se cree:

  • Primero necesitamos tomar consciencia de nuestras sensaciones para sentir nuestra propia vitalidad.
  • En segundo lugar, necesitamos aprender el cómo  reaccionamos automáticamente ante las sensaciones para que nuestra postura vital ante la vida sea vivida con seguridad, confianza en que pase lo que pase, nos mantendremos «de pie».
  • Al mantenernos «de pie» (seguros) en la vida, aprenderemos a expresar lo que sentimos, a relacionarnos con los demás desde lo que sentimos y somos, no dejándonos llevar por el vaivén del momento.
  • Y finalmente, necesitamos comprender, poner palabras, imágenes, para diseñar las estrategias propias para defendernos conscientemente de aquello/s que «nos vuelve locos».

Si te decides a comprender tus propias emociones, ponte en contacto con nosotros

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