Wendy (la de Peter Pan) fue la encargada desde pequeña de cuidar a sus hermanos. Luego Peter Pan se la llevó para que, además, cuidara a los Niños Perdidos.
Lo más trágico de la historia es que, aunque Wendy fuera la que mantuvo con fortaleza a los Niños Perdidos, les contaba cuentos, los mantenía calentitos y los cuidaba; el verdadero protagonista es Peter Pan, que se enfrenta al Capitán Garfio, y salva a Wendy de ser comida por los cocodrilos.
¿Te puedes imaginar cómo se siente Wendy?
Pues seguramente se sentirá imprescindible (así se lo hicieron creer), necesita continuamente ayudar a los demás, y evitar que se sientan molestos (especialmente con ella).
Entenderá el amor como sacrificio, se resignará al sufrimiento, pedirá perdón por lo que no ha hecho o no ha sabido hacer… Y sobre todo, se sentirá deprimida por la falta de atención que recibe. Su valor como persona dependerá de cómo los demás la valoren en cada momento.
Y lo peor de todo…no será consciente de nada de esto en la mayoría de los casos… Sólo sentirá que se sobrecarga de trabajo, que le llueven los problemas que sólo ella puede resolver bien, que siente un peso en los hombros terrible, que siente las piernas cansadas (como si le costara echar el paso)… Se sentirá bien cuando acuden a ella, y mal, inservible, cuando no lo hacen.
La verdad es que las tramas superheroicas siempre han tenido que ver con cuestiones primordiales a las que el ser humano se ha tenido que enfrentar. Si miramos a nuestro alrededor hay muchas Wendy, principalmente mujeres (también algunos hombres). Tal vez incluso nosotras mismas somos Wendy.
¿Puede Wendy decir “no”? ¿Puede escapar de su necesidad de satisfacer a los demás?
Como en entradas anteriores comenté, estrategias cognitivas, “trucos” para aprender a decir “no”, no son válidos… Pueden ayudar en un determinado momento, pero cuando hemos mamado desde muy pequeñitos que nuestro valor como persona depende de cómo reaccionan los que nos quieren… cada célula de nuestro cuerpo tiene adquirido ese aprendizaje.
Cuando el bebé comienza a gatear, y más tarde a andar, comienza su exploración del mundo, empieza a separarse de su mamá/papá (no sólo físicamente, sino también como identidad propia, distinta de la de su figura de apego, pues hasta entonces, no siente que su mamá y él sean seres diferenciados). Pero inmediatamente después, quiere volver, necesita volver a la seguridad del regazo que lo protegió hasta entonces, y sentirse querido y valorado en sus enfados, exploraciones… En ese momento no hay palabras en el lenguaje, hay miradas, contacto, tonos de voz, empatía sensorial y corporal… Y es en ese momento cuando se fija ese tipo de personalidad que tiene Wendy. Cuando uno de esos dos movimientos vitales del ser humano son truncados.
Soluciones
Por ese motivo, las soluciones para aprender a decir “no”, a separarse de la dependencia emocional de los demás, pasa por re-vivir esas primeras experiencias, en las que un cuerpo empático, seguro de sí mismo y de ti, te permite explorar, enfadarte, tener rabietas sin sentido, para finalmente poder comprobar que no pasa nada, que todo sigue bien entre los dos. Y esta relación, sólo conozco que se pueda tener en el contexto de una terapia corporal.
Así el terapeuta a través de técnicas cognitivas y relacionales en las que se provoca la expresión emocional, junto con una comprensión profunda del mundo relacional que se va a establecer entre el paciente y el terapeuta, va a ayudarte a que te ocupes de ti, de tus propias necesidades, deseos, ilusiones.
Ése es el único camino que conozco para poder calmar la necesidad que sentimos muchos de satisfacer continuamente las necesidades de los demás, olvidando las nuestras propias.