
Sentir una fuerte presión en el pecho, palpitaciones, dolores de cabeza, sentir que nos falta el aire, dificultad para respirar, manos sudorosas, incluso vómitos y mareos… Así es cómo nuestro cuerpo nos comunica que ya NO PUEDE MÁS. Que el ritmo frenético al que lo tenemos sometido es demasiado. A eso es a lo que llamamos ansiedad.
Pero…¿cómo controlo ese nerviosismo, esa intranquilidad que me cala todos los huesos y no me deja vivir? ¿cómo me quito la ansiedad?
«No puedo parar mi ritmo de trabajo, la situación laboral no está ahora para que yo proteste…»
«Soy el sostén de mi familia, dependen de mi, me sentiría muy culpable si dejo de estar tan pendiente de todos»
«Acumulo problemas: con el trabajo, con mi pareja, con mis hijos…. y no sé que hacer»
«Ante determinadas situaciones, aparentemente normales, me entra un miedo que me paraliza, me seca la boca, me deja sin capacidad de reacción, ¿por qué?»
…. Y podríamos seguir describiendo situaciones cotidianas que nos generan ansiedad, y que en definitiva, nos impiden vivir, disfrutar de la vida, que nos dejan en un callejón sin salida….y nos van matando por dentro si no sabemos cómo poner un límite. Pudiendo desembocar en un trastorno de ansiedad generalizada, un estado ansiososo-depresivo, subida de tensión arterial, enfermedades psicosomáticas (fibromialgia, fatiga crónica, cefaleas, migrañas…).
Porque si no escuchamos las primeras señales que nos manda nuestro cuerpo, seguirá gritando más fuerte…
Cómo me quito la ansiedad
«Bueno, Elena, todo eso está bien, pero ¿cómo me quito esta ansiedad que tengo?», me diréis. Pues bien, lo primero es comprender por qué sentimos ansiedad, ese miedo a perder la cabeza…
Nuestro sistema emocional se sustenta en experiencias somato-sensoriales (lo que percibimos a través de nuestros sentidos y hace reaccionar de forma espontánea a nuestro cuerpo), emocionales (lo que sentimos con aquellos que queremos: pena, rabia, alegría, sorpresa…y cómo lo expresamos), y reflexivas-racionales (lo que pensamos sobre lo que es adecuado o no según el contexto).
Y según la historia de nuestro desarrollo infantil, aprendimos tal vez que sentir , emocionarnos, no era bueno/adaptativo para nosotros, aprendimos a protegernos de nuestras propias percepciones y emociones, y de esta manera nos quedamos sólo con lo que creemos que es adecuado, pertinente…. Y ya nos quedamos sin recursos suficientes para enfrentarnos a la vida, por lo que nuestro cuerpo empieza a protestar cuando lo sometemos a situaciones de estrés, irremediablemente.
Soluciones
¿Cómo salir de ahí ? ¿Cómo recuperar nuestros propios recursos? Volviendo a permitirnos sentir y emocionarnos….¿cómo, Elena, cómo me quito la ansiedad?
Siento decirte que no hay recetas mágicas…no hay soluciones generales que le sirvan a todos por igual… Existen soluciones personales, donde cada uno debe encontrar la suya propia, diferente a la que ya usó y no le sirvió.
Volver a sentir el cuerpo, dejarse sorprender por la respiración propia, si es torácica o abdominal, ampliar la respiración, relajar las tensiones musculares, ser consciente de las partes congeladas de nuestro cuerpo y volver a conquistarlas…dejarse sorprender por la tensión de nuestro cuerpo y cómo tiembla como respuesta mamífera ante una situación de peligro.
Y después llorar, pelear, gritar…por todo lo que nos perdimos y no recuperaremos nunca… Para finalmente volver a encontrarnos con nosotros mismos, nuestro cuerpo, nuestra espontaneidad, nuestra emoción… y después poder mirar hacia el otro, nuestra pareja, nuestro hijo/a, nuestro padre/madre, nuestro amigo/a….
Y hacer solo ese recorrido es posible para unos pocos (muy muy pocos)…la mayoría necesitamos de quien nos consuele, nos aliente, nos reencuentre, nos proteja, nos empuje… Y para eso sirve una psicoterapia para quitar la ansiedad.